“Hace mucho tiempo estábamos planeando tener unas buenas vacaciones en el extranjero con mi esposo y mis tres hijos. Ambos habíamos estado con mucha pega y sin darnos cuenta, las fuimos postergando mes a mes y los niños ya empezaban a reclamarlas. Sólo podíamos tomarnos 1 semana de descanso y deseábamos que esos siete días fueran de total relajo y placer, no queríamos que nada lo arruinara.
Fue por eso que decidimos tomar un seguro de viajes y así poder desconectarnos por completo. Amigos nuestros han tenido malas experiencias en aeropuertos y hoteles, donde pérdidas de equipaje o inoportunas enfermedades han “nublado” todos los buenos momentos vividos. Con el seguro que contratamos sabíamos que nada podría echar a perder nuestras vacaciones… y ¡así fue!”.
Mónica Gordillo, 37 años, Ejecutiva de Cuentas.
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